Baztan es cuna de un copioso censo de estos vestigios del pasado, recuerdos impasibles de épocas pretéritas, que se encuentran salpicados por todo el territorio en estados diversos: algunos se han conservado perfectamente y otros los han arrancado de cuajo sin el menor reparo para trazar una pista o camino. En la mayoría de los casos han sido ignorados hasta hace bien poco, y aún hoy se hace necesaria una revisión exhaustiva de estos restos de asentamientos humanos, gracias a los cuales los estudios científicos han revelado que los primeros baztaneses vivieron, murieron y fueron enterrados aquí, en el Valle, allá por el siglo XIII antes de Cristo.
Los yacimientos arqueológicos baztaneses han despertado interés en muchas ocasiones, desde el historiador romano Plinio (siglo I d.C.), pasando por el Padre Moret, jesuita del XVIII, hasta los estudios de investigadores como José Miguel de Barandiarán, Jacques Blot, Lope Sellés y el capuchino y académico de la lengua vasca Francisco Ondarra, que desde su plácido convento del Colegio de Lekaroz se pierde por los montes de esta tierra penetrando en el túnel del tiempo para contarnos, a su regreso, sus descubrimientos largamente centenarios. Actualmente, vecinos del Valle como Josu Cabodevilla e Itziar Zabalza, se han encargado de recoger el guante lanzado por sus antecesores en el mundo del megalitismo baztanés, y han recopilado y catalogado en una guía todos los monumentos megalíticos existentes en el Valle de Baztan.
De entre todos estos restos hay que destacar algunos, más conocidos que otros, como por ejemplo el monolito de Urdintz, los dólmenes de Otaltzu, Xolborroko harria (en Legate), Urkizte, Luurzu, Beoltrin, Autrin, Zalu y los cromlech de Maistrugain y Soalar. También encontramos el túmulo de Urlegi (Alkurruntz), dólmenes en Uztanborro (Irurita), Sorginetxoa (Erratzu), Pas de Rolan (estación Erratzu-Alduides), Oiza (a 699 metros, cerca de Elizondo), dos en Otsondo, seis más y un menhir en el sector de Legate, en Lekaroz, el cromlech y el menhir de Iparla, los dólmenes de Elorta y Aznabazterra (en Erratzu), el menhir de Bagordi... O el menhir de Soalar, que encontrado fuera de su lugar de origen en un jardín privado, hoy se expone para todo el público en el Museo Etnográfico Jorge Oteiza de Baztan.
Resulta complicado tener que resumir la historia de un valle tan complejo como es el de Baztan. Los acontecimientos acaecidos en estos lindes, se remontan miles de años atrás, desde las ocupaciones prehistóricas que dejaron su impronta con numerosas muestras megalíticas que todavía hoy podemos encontrar a lo largo y ancho del Valle de Baztan. Tampoco se puede obviar, que las tierras del Baztan fueron pobladas por los romanos tal y como se atestigua en construcciones y edificaciones de distinta índole. Por el extremo sur del valle, pasaba la vía Burdeos-Astorga, aprovechada después por los peregrinos jacobeos. Quizás el puente de Ohárriz sea la mejor muestra de la presencia romana, sin olvidar las minas de Aritzakun donde se cuenta que los romanos encontraron un pequeño yacimiento de oro.
Siglos más tarde, y una vez que expiraron los tiempos de dominación del Imperio Romano en nuestras tierras, las siguientes menciones históricas acerca del valle las encontramos en el prólogo del Fuero de Navarra, donde se le menciona como lugar no hollado por la invasión musulmana. Mas tarde, hacia el año 1025, Sancho el Mayor instituyó el señorío de Baztan en favor de Semén de Ochoániz, señor de Jaureguizar, Maya e Irurita.
Alfonso I se tituló, en un documento expedido en Sangüesa en 1132, rey de Baztan. El 22 de mayo de 1397, Carlos III declaró en respuesta a una demanda de los vecinos de Elizondo que "sean e finquen guardados e mantenidos en lur condiciones de fidalguía e infançonía, en que dezían haber estado a perpetuo". En el pleito mantenido en 1440 con el patrimonio real sobre el pago de las pechas por el pasto de los ganados en los montes reales, volvió a reafirmarse o confirmarse este derecho de hidalguía. Es este transito de años, también cabe recordar el papel del Valle de Baztan en la historia, con episodios épicos como los acontecidos en 1212 con la participación en la famosa batalla de la reconquista en las Navas de Tolosa, de donde se dice que proviene el escudo o blasón que hoy en día identifica a las casas del valle. Aunque como podemos ver en el apartado que se refiere al escudo, encontramos más de una teoría.
También el Valle de Baztan puede encontrarse como referente en la historia del Reino de Navarra, sobre todo en lo que refiere a su invasión por parte de Castilla en 1512. Como bien se sabe, en el Castillo de Amaiur, hubo resistencias fieles a la corona Navarra que lucharon y dieron su vida frente al enemigo, pasando a la historia como el último foco de resistencia antes de pasar a pertenecer a la corona de Castilla en 1522.
Desde mediados del siglo XVII hasta casi los albores del XIX le tocó vivir a Navarra uno de sus momentos de mayor apogeo en la historia. Y como no podía ser de otra forma, donde hubo navarros importantes, tenía que haber un baztanés de por medio. Un importante número de sus hijos, pasaron a ocupar posiciones de relieve, tanto en España como en Indias. Fue así que el Valle o Universidad del Baztan comenzó a proveer al Reino de ministros, militares, dignidades eclesiásticas, asentistas y comerciantes, en un grado tal que indujo al Marqués del Saltillo a afirmar que Madrid estaba dominada por navarros, sobre todo oriundos de dicho valle. Basta citar entre ellos a Juan de Goyeneche, fundador del actual Boletín Oficial Español, Juan Bautista de Iturralde, Miguel de Múzquiz y Nicolás de Garro, ministros de Hacienda de Felipe V, Carlos III y Carlos IV respectivamente, Juan Lorenzo de Irigoyen, Obispo de Pamplona, Juan José de Vértiz, virrey del Río de la Plata, o Pedro de Iturriría y Pedro de Astrearena, importantes asentistas, para comprender la magnitud de este fenómeno.
Pero no todo fueron grandes logros y méritos. También hubo tiempo para las guerras y lamentaciones. Así por ejemplo, Baztan tuvo mucha presencia en la Primera Guerra Carlista. El infante Don Carlos entró a través del Valle de Baztan, proveniente de Portugal, una vez muerto Fernando VII, como aspirante al trono. Lo mismo que lo abandonó, pues puso pies en polvorosa y huyó a Francia por la frontera de Dantxarinea una vez. Antes, hubo trágicos episodios como el terrible incendio de Lekaroz en 1835 ordenado por el General Espoz y Mina.
O tristes episodios como las inundaciones de 1913, donde Erratzu y Elizondo sufrieron una de las mayores catástrofes jamás vividas en este valle.
A lo largo del siglo XX, y con la posguerra, en los montes de Baztan pudieron verse curiosas estampas. Primero, con la autarquía y el cierre de fronteras, se recurrió a un modo alternativo de ganarse la vida para la mayoría de las gentes del valle, el contrabando, un delito echo arte por los vecinos del valle que se las ingeniaban de mil maneras distintas para eludir los controles y hacer llegar las mercancías que transportaban (puntillas, rodamientos, ganado, etc) a sus lugares de destino. Era la manera de ganarse un sobresueldo dadas las duras circunstancias de vida que había en la época.
Más tarde, otra de las curiosidades históricas, se dio en el monte Gorramendi, donde se instaló una base militar americana, que en época de la Guerra Fría, hizo sus labores de vigilancia y comunicación para la sorpresa y asombro de los lugareños que veían llegar los primeros jeeps y gente de color a nuestras tierras.
No dejan de ser pequeñas muestras de un pueblo, el nuestro. Un breve resumen de todo lo que aconteció en este valle, que por lo menos nos sirve de aperitivo, una rápida pincelada del pasado, que sirva de referencia para los siguientes y puedan sembrar el futuro que se avecina.